Este relato lo escribí hace unos años, cuando conocí al que a día de hoy es el hombre de mi vida, mi gran amor. Lo escribí concretamente en un momento en el que nos llevábamos tan bien como amigos que ambos teníamos miedo de dar un paso más porque podía salir bien o podía salir mal y terminar nuestra amistad… Espero que os guste…

…El otro día me desperté con ganas de emprender un viaje hacia lo desconocido, con la única intención de pasarlo bien. Así que me subí a un tren cuya última parada era “DESTINO”. De equipaje me cogí lo justo y necesario para el viaje: buen humor y ganas de vivir. Me acomodé en mi asiento, respiré hondo y simplemente, me dejé llevar. Sospechaba que el viaje sería largo, incluso intenso y con alguna travesía complicada; aún así, estaba dispuesta a realizarlo.

El silencio me acompañó hasta la primera parada llamada “AVENTURA” donde empezaron a subir algunos pasajeros. ¡Qué eufóricos e impacientes estábamos todos por ver que nos deparaba el camino! El tren seguía su camino dando paso a la segunda parada llamada “RISAS”. Te puedes imaginar que la gente que subió fue la que se encargó de amenizar el viaje, eran muy alegres y divertidos. Pero pese a que lo estaba pasando fenomenal, fue inevitable pasar por “MIEDO”, “DESCONFIANZA”, “DECEPCIÓN” y ” INSEGURIDAD”. Es lo que tiene cuando te sumerges en lo desconocido…

Fueron unos días largos, que no todos aguantaron y hizo que muchos de ellos se fuesen bajando del tren.

Yo me quedé en el mismo lugar que estaba, al lado de la ventana, aceptando cada emoción que sentía en cada momento.

Para los valientes que nos quedamos nos llegó nuestra recompensa en la próxima parada “ESPERANZA”. ¡Cómo disfrutamos de esta! Nos sirvió para volver a sonreír y coger fuerzas; ahora estábamos preparados para seguir el viaje de una manera más adulta.

Como en todo viaje, unos se subías y otros se bajaban. Conocí a mucha gente, de todos los tipos, cada cual tenía su encanto, y fue un gustazo disfrutar de todos ellos. El tren seguía avanzando y lo que yo no sabía era que mi viaje empezaba en la siguiente parada:  “ILUSIÓN”.

En esta parada subisteis muchos pasajeros; y entre todos ellos, tu captaste mi atención. Me pareciste tan interesante… Por no decir que tu sonrisa era la más bonita que había visto en mi vida, y tu mirada la más especial de todas. Parecías perdido, como si no encontraras tu sitio y te sentaste justo al lado de la puerta. Me sorprendió tu equipaje. Llevabas alegría y algo de timidez. No podía quitarte los ojos de encima. De hecho, no hice otra cosa que mirarte un buen rato; ni siquiera me dí cuenta de si la gente subía o bajaba del tren ni por cuantas paradas pasamos. Tu sonrisa me había eclipsado…

Se detuvo de repente el tren en la parada “VERGÜENZA” y entonces reaccioné. Lo tomé como una señal, una excusa para acercarme a ti. Me pareció complicado empezar una conversación contigo, porque no te conocía de nada y no sabía cómo romper el hielo. Por suerte para mí, pese a tu timidez,  tenías mucha conversación y hiciste que todo fuera más fácil. Y así pasamos horas y horas hablando sin parar.

Enseguida me di cuenta de que no eras como los demás y supe que no podía perder la oportunidad de conocerte. Entre risas y bromas pasamos por la parada “TONTEO”. Y entre tonteo y tonteo  te di ese primer beso. No imaginas como lo deseaba…

Estaba el revisor del tren mirando los billetes y se acercó a nuestro asiento. Me riñó porque no estaba en mi sitio, pero es que tú tampoco lo estabas, ni siquiera ese era tu vagón. Así que nos tuvimos que separar.

Desde mi sitio vi pasar “CALMA”, “DUDAS”, “TEMORES”, “PACIENCIA”, “INCERTIDUMBRE”, “DESESPERACIÓN”, “DISTANCIA” y “TIEMPO”. Menudo viajecito, con lo bien que estábamos… Tuve muchos días para pensar y eso hice, pero consciente de que tú seguías en el tren. Te engañaría si no te dijese que la parada “RABIA” se apoderó un poco de mí. ¿¡Porqué justo ahora que empezaba a conocerte tenías que cambiar de vagón??

Pues la respuesta quizás sea que lo bueno se hacía esperar…

Ahora,  seguimos recorriendo el mismo camino pero desde vagones distintos y el viaje se hace un poco más largo y aburrido. Nos quedan muchas paradas por pasar “LOCURA”, “DESENFRENO”, “PASIÓN”,”SEXO”, “CARIÑO”, “ENFADO”, “RECONCILIACIÓN”…y muchas más por descubrir antes de la última parada “DESTINO”.   Soy consciente de que te puedes bajar en la próxima parada y consciente de que quizás un día ya no te vuelva a ver. A penas te conozco de nada, y no me importa; nada de esto me importa. Sólo me importa el “hoy” y “hoy” tú estás en mi vida.

No te pido ni te prometo nada, porque nada se sabe; pero te garantizo un bonito viaje en el que sólo tienes que preocuparte de sonreír, porque de sacarte la sonrisa… de eso me ocupo yo!

¿Te pierdes conmigo hasta el fin del mundo?

PD: al final nos perdimos hasta el fin del mundo y a día de hoy sigue siendo una de las personas mas importantes de mi vida, el padre de mi niña y mi media naranja… JKLC