¡Buenos días!

Hoy quiero hablaros acerca de un tema que nos toca a muchas de las mamis que decidimos dar de pecho a nuestros hijos, y una de las causas principales que hacen que algunas decidan interrumpir la lactancia materna.

6 de cada 10 mujeres padecen de esta dolorosa complicación. Yo fui una de ellas. Hoy quiero compartirlo con vosotras y espero que os pueda servir de ayuda.

Todo empezó en el hospital, después de dar  a luz a Candela. Ella era muy glotona y no se cansaba de succionar, y yo todavía no tenía leche (tardó 4 días en subirme). Cada dos por tres la tenía enganchada hasta que se dormía, pero al poco rato se despertaba del hambre que tenía y se volvía a enganchar. Y mis pezones, claro está, no estaban preparados para tanto tute…

Estando aún en el hospital empezaron las grietas…Yo notaba una sensación muy molesta cada vez que me la ponía, sobre todo los primeros minutos de succión. Pero todo empeoró cuando llegamos a casa. El dolor cada vez iba a más, hasta convertirse en un dolor verdaderamente  insoportable. Los pezones los tenía totalmente destrozados, con grietas en carne viva y sangrando cada vez que mamaba.

No podría definiros el dolor que me hacía cada vez que se cogía. Recuerdo estar dando de mamar mordiendo una toalla, apretándole la mano a Jose y con unas lágrimas de sufrimiento que me llegaban hasta los pies. Lo que estaba viviendo era un auténtico calvario. No quería que nadie hablara, que nadie viniera a visitarnos,  ni que nadie se moviera porque con el mínimo ruido Candela se despertaba, y de solo pensar que tenía que ponérmela de nuevo mi mente se bloqueaba. No podía disfrutar ni de ella, ni de la lactancia. Estaba tan, tan mal, que en varias veces pensé abandonar la lactancia.

Busqué información, probé miles de cremas, fui a clases de lactancia a ver si Candela no se cogía bien o a corregir la posición y todo era correcto. Recuerdo que la gente me decía “No te pongas pezonera que luego no querrá la teta”, “tienes que aguantar unos días hasta que el pezón se haga duro”, “en unos días se pasará, no te preocupes”… Y así iban pasando los días y yo cada vez estaba más mal, más dolorida, más irritable.

Así que me fui al hospital donde dí a luz (Hospital Virgen de los Lirios, Alcoi) a la revisión de Candela y les enseñé mi situación. Cuando lo vieron, se pusieron las manos en la cabeza, no entendían como había llegado a ese extremo y me mandaron de cabeza a una farmacia a por unas pezoneras. Me sentaron en una silla y estuvieron conmigo hasta que Candela se agarró a la pezonera.

Esa fue mi salvación y eso era lo que hubiese tenido que hacer de primera hora antes de llegar al extremo que llegué por escuchar los comentarios de la gente. Porque al final, con pezonera o sin pezonera lo que importaba era que Candela se bebiera mi leche y poder aportarle así todos los beneficios que ello conlleva.

La pezonera que me recomendaron era la “CONTACT DE MEDELA”

contact de medela

Me encantaron y me hicieron un papelazo, nada más ponerla ya noté un gran alivio, y aunque aún dolía, por lo menos con ellas, se podía sobrellevar bien y Candela no se llenaba de sangre.

Estas pezoneras de Medela están diseñadas para ayudarnos  a alimentar a nuestros bebés si tienen dificultades para engancharse, para las mamis que como yo, tengan los pezones doloridos, planos o invertidos, o un reflejo de salida de la leche demasiado intenso.

Su forma especial permite un alto contacto con la piel.

Además, vienen en una práctica caja, para que las puedas llevar en el bolso a todos los sitios.

Hay disponibles tres tamaños: 16 mm, 20 mm y 24 mm

Estas pezoneras de lactancia las compaginaba con estas otras pezoneras de cera de abeja que descubrí  gracias a una buena amiga. Os las dejo a continuación por si a alguna os interesa.

mugroneres

Me las ponía entre toma y toma, durante una horita y me ayudaba a hidratar y aliviar los pezones. Además, si las ponéis en la nevera aumenta sus beneficios calmantes. Hacía que no me rozara la ropa, hasta eso me dolía.

Gracias a esto, en pocos días mis heridas cicatrizaron y pude empezar a disfrutar de la lactancia materna, de ese ratito tan bueno donde ella y yo nos evadimos de este mundo. Ese momento tan suyo, tan mío, tan nuestro.

Y os digo una cosa, cuando mis pezones se pusieron buenos del todo (aproximadamente después de 1 mes) Candela volvió a cogerse al pezón y pude dejar las pezoneras. No os voy a mentir, y este proceso me costó mucho de conseguir, pero con paciencia y engañándola de vez en cuando lo conseguí.

Si alguna quiere saber cómo lo logré, que me deje un comentario a continuación o me mande un correo a info@candelayyo.com

Sin más, que tengáis un día maravilloso!